lunes, agosto 30, 2004

Potosí o los "grindios"

Potosí, Bolivia, fiestas de San Bartolomé.

El desfile-carnaval-danza (su posible significado oscilaría, quizás, entre estas tres palabras) de esta ciudad cuya plata enriqueció las arcas españolas desde el siglo XVI y amortiguó la decadencia del Imperio durante más de dos siglos, construye un ambiente enfebrecido de colores, movimiento y música que lo convierten, bajo la pupila occidental, acostumbrada a las imágenes vacacionales de nuestros balompédicos astros brasileños, en una versión andina de carnavales como los de Río de Janeiro.
Gracias a un amigo, Ian, pude participar del evento, desfilando dentro de un grupo cuyo acrónimo revelador, aunque forzado, es I.N.C.A (Instituto Nacional de CApacitación). Desde mi posición evidente de turista, intenté con voluntarioso desatino seguir el ritmo que tejían los charangos. El público del desfile, en un papel actuante y contemplativo a la vez, se sorprendía de que una serie de gringos, disfrazados de indígenas, intentaran seguir el zapateado tradicional que remansaba la marcha del desfile.
A parte de suponer un considerable esfuerzo físico para los foráneos (intentar bailar durante mas de 6 horas a más de 4000 m de altura), me planteo si tal acto fue una intrusión poco delicada en un territorio ajeno, o si las risas y los ánimos transmitidos por el público tendían un puente, es decir, cierto acercamiento.